Putas y Rifles

He pasado casi la totalidad de mi vida formándome, aprendiendo letras, ciencias e historia. Me considero un tipo curioso, exceptuando la adolescencia claro, en la que la idiotez me sonrió, le di la mano y caminamos juntos hasta el final de esa maravillosa etapa. Recuerdo que me gustaba escuchar a los viejos de boina y aguardiente, esos que venden progresivamente su cordura en pos de una "desvergüenza", a veces chocante, que regala la senectud. He gastado tardes y tardes escuchando "batallitas" de putas y rifles, de libertad y libertinaje, de vencedores y vencidos. Por ese tiempo no tenia criterio para juzgar una Guerra tan lejana y ajena a los ojos de un niño, pero me removían lo suficiente la conciencia como para soltar perlas del tipo; "Yo voy a votá a Zelipegonzále". Qué sabía yo… quizá me sentía bien por hacer reír a progenitores e invitados en ese cuchitril que teníamos por casa, con suerte alguien me convidaría luego.

Los años pasaron, y todavía cogido de la mano de la idiotez, esa mano con la que me engominaba el cabello religiosamente todas las mañanas -qué rol tan importante juega una mano en la cotidianeidad adolescente, ¿no les parece?- creí tener el mundo dentro de mi cabeza, conocer sus estructuras, sus problemas y soluciones. Ahora, a mis veinte años, tras despedir la idiotez y con la dichosa mano algo menos predispuesta a la actividad frenética -esa de engominarme que ya les dije-, todo se me replantea. Las soluciones han mutado y ahora no son más que un saco de dudas inertes. En momentos como éste recuerdo las tardes de putas y rifles, de viejos hablando de otros tiempos. Como tantos periódicos.

Con la suspensión de Garzón por su intento de esclarecer y hacer justicia con los crímenes franquistas, vamos dándonos cuenta de que vivimos en un país donde los tres poderes abren todavía brecha en eso que llaman las dos Españas. Especial preocupación suscita que la justicia, organismo básico en el estado de derecho moderno, siga al servicio de aquellos que anhelan recuperar unos privilegios que, por fortuna, les han sido sustraídos.

Los medios no se quedan atrás en su afán de mostrar una realidad maniquea, y prestos se alinean con uno u otro bando. Dicen que no hay nada más radical que un converso. Los periodistas han mutado, son ideólogos de un movimiento a veces, generales en plena arenga otras. Los discursos que visten las páginas de opinión sangran un odio que rezuma del cadáver de lo que un día fue la objetividad.

Con tanta perorata caducada, tanto rencor en salmuera y la visceralidad de antaño mal tatuada en las sienes de los españolitos, yo me pregunto: ¿Cansaré a mis nietos con mis batallitas de putas y rifles?

4 comentarios:

Victor dijo...

Muy buena entrada, y mucha razón: la transición no supuso una ruptura, muchos que tenían el poder antes lo mantienen ahora.
Pásate por el blog de los estudiantes de 1º de Periodismo de la Universidad de Zaragoza.
http://blogkaconhielo.blogspot.com/

Moises.G dijo...

¡Si señor! Me ha encantado, desgraciadamente los medios dejaron de ser objetivos hace mucho y para estar verdaderamente informados habría que tener mucho más tiempo del que tenemos la mayoría. ¡Un abrazo!

Jose Francisco dijo...

Vaya crema barbudo xd

antonio dijo...

No sé si lo haceis por vuestra iniciativa o son "deberes de clase", en cualquier caso me parece un lujo que esto haya surgido.
Desde luego mola el sabor a café de colegas conque escribís. 1abrazo!

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